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Discursos y Declaraciones

Conmemoración del Día de la Independencia de los Estados Unidos

4 de julio de 2007

Gracias a todos por acompañarnos este día en nuestra celebración del 231 aniversario de la Independencia de los Estados Unidos de América.

Fernando, tu interpretación del Himno Nacional Mexicano estuvo llena de fuerza, inspiración y vigor, como lo es México mismo, y fue un testimonio del valor que el pueblo de México ha demostrado durante siglos. Esa misma fuerza es muestra del porqué México es, y siempre será, una nación independiente y con orgullo, que está a la altura de cualquier desafío que enfrente… hoy, mañana y siempre.

Eugenio, muchas gracias por tocar nuestro Himno Nacional el día de hoy. Una trompeta solitaria que toca el Himno de los Estados Unidos ha servido durante mucho tiempo como el clarín que convoca a la gente de todo el mundo. Una llamada para ver a los Estados Unidos como el lugar donde pueden vivir en libertad y hacer realidad sus sueños. Un lugar al que Ronald Reagan, citando al Evangelio de Mateo, llamó “la ciudad de oro sobre los montes”.

Como pueden apreciar en el fondo del estrado y en los programas que todos ustedes tienen, este año nos enfocamos en el documento que puso de manifiesto en el mundo las ideas y los principios que formarían una nueva nación, las palabras que dieron lugar al nacimiento de los Estados Unidos de América.

Nuestros Fundadores y autores de la Declaración de Independencia ofrecieron una visión revolucionaria y valiente cuando declararon: “Asumimos estas verdades como evidentes, que todos los hombres han sido creados iguales, y que el Creador les otorgó ciertos derechos inalienables, entre ellos, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad…”.

Estoy orgulloso de mi país y amo a mi país, pero no me voy a parar frente a ustedes y decirles que en los Estados Unidos siempre hemos alcanzado estos ideales.

A pesar de las declaraciones de nuestros Padres Fundadores, nos costó trabajo luchar contra la esclavitud, la segregación y la desigualdad de derechos para la mujer antes de reconocer que es una labor muy ardua vivir a la altura de las verdades que ellos plasmaron en nuestra Declaración de Independencia.

Aquí y ahora, las palabras de la Declaración de Independencia continúan siendo un desafío para quienes creen en la libertad.

Como lo muestran los eventos ocurridos en Londres y Glasgow el pasado fin de semana, todavía hay quienes aterrorizan a los pueblos libres tratando de privarlos de su vida….. Y hay algunos en este continente que argumentan que sus pueblos no están preparados para la libertad real y para gozar de las libertades individuales que sus vecinos ya atesoran. Hay otros, más cerca de nosotros, que insisten en que los Estados Unidos son diferentes y no pueden o no deben ser “la ciudad de oro sobre los montes”, que convoca a las personas del mundo para que hagan realidad sus sueños.

La Declaración de Independencia y sus ideales son reales, están vigentes y son tan relevantes hoy como lo fueron hace 231 años… Y únicamente un compromiso con estos derechos innegables a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad nos permitirá estar más seguros en un mundo que parece ser cada día más pequeño, más conectado y más vulnerable.

Quiero que sepan que comparto el compromiso absoluto del Presidente Bush de luchar contra el terrorismo y los terroristas donde quiera que se encuentren.

Quiero que sepan que comparto el compromiso del Presidente Bush con un continente o donde florece la democracia y donde trabajamos juntos para reducir la pobreza y la desigualdad.

Asimismo, quiero que sepan que comparto el compromiso que el Presidente Bush ha expresado tantas veces: los Estados Unidos puede ser un país incluyente y, a la vez, un país seguro.

Hacer realidad esta última esperanza de mi Presidente es uno de los más grandes retos de nuestros tiempos, un reto que requiere sabiduría y compasión … y, tristemente, uno que a pesar del compromiso del Presidente, de muchos en el Senado y del apoyo de más de dos terceras partes del pueblo de los Estados Unidos, no se concretó la semana pasada. Pero sé que llegaremos a esa meta y les diré por qué:

La historia de los Estados Unidos es prueba viviente de que hay fortaleza en la diversidad. Estados Unidos no llegó a ser la nación que es con el sudor de una sola raza, de una sola religión o de una sola cultura. Involucró a personas de todos los niveles, de todo el mundo, que trabajaron juntos en lo que Martin Luther King llamó “la red inevitable de la mutualidad” -- lo que afecta a uno, nos afecta a todos.

El lema de los Estados Unidos es “E Pluribus Unum”, “De muchos, uno”. Cuando uno viaja por el mundo entiende por qué el sueño americano es un imán tan poderoso.

Tengo la fortuna de representar a un país que ha sido bendecido en abundancia y que se ha fortalecido a lo largo de su historia con cada una de las olas de inmigrantes -- algo que creo que damos por sentado con demasiada frecuencia o simplemente hemos olvidado.

No habremos terminado esta labor en mi país ni tampoco habremos respondido al llamado de nuestros propios ideales, sino hasta que quienes viven en las sombras en mi país puedan salir y ser reconocidos… Hasta que todos los corazones acepten lo que ninguna ley puede imponer: amarnos unos a otros, respetarnos unos a otros, apoyarnos unos a otros.

El día de hoy también celebramos la persistente fuerza y atracción de los Estados Unidos. Si alguna vez necesitan un testimonio de lo atractiva que es esa “ciudad de oro”, tan sólo pregunten a cualquiera de los inmigrantes decentes y muy trabajadores en los Estados Unidos, “¿por qué han soportado días en el desierto mortal? “¿Por qué han cruzado el océano en un bote sofocante para llegar a los Estados Unidos?”… Les dirán que fueron en busca de oportunidades, en busca de una vida mejor. Les dirán que pusieron en riesgo sus vidas para tener la oportunidad de alcanzar sus sueños, una oportunidad que solo creyeron posible siguiendo el llamado del clarín hacia los Estados Unidos… Y, sí, muchos de ellos provenientes de México… Y todos, dignos del respeto que un ser humano le debe a otro.

Una de las cosas que me generó frustración la semana pasada es que muchos aún no aprecian la profundidad de la relación entre México y los Estados Unidos. Ni aprecian lo que México está haciendo para superar los desafíos que enfrenta hoy… Y queda mucho para por hacer para que estas personas realmente lo comprendan.

La verdad es que en el México que veo hoy, el México que aprecio y quiero, veo un pueblo unido con una visión clara de un país más fuerte y vigoroso. Veo un México que avanza con la claridad y el coraje que todos escuchamos en la voz de Fernando y en la letra del himno.

  • Un México donde cada uno se sienta seguro en casa.
  • Un México que pueda competir con cualquier economía del mundo.
  • Un México donde los niños aspiren a un mejor futuro.
  • Y, sí, un México donde uno pueda realizar sus sueños tanto en casa, como afuera.

Ese es el México que veo, pero a la vez, ninguno de ustedes me ha dicho que ya se alcanzó la meta o que no hay mucho más por hacer como mexicanos, o dónde se debe compartir la responsabilidad con sus vecinos.

En tanto nuestros países siguen acercándose aún más, hay que tener el valor para responder con fuerza ante los retos de este siglo.

Para que nuestros líderes puedan erguirse y afrontar asuntos tan difíciles, ellos tienen que saber que ya hay miles y miles de personas a todos los niveles en ambas naciones -- en sus hogares, con sus familias, en sus empresas… y, sí, en sus corazones, que ya son parte de “la red inevitable de la mutualidad”. Esa es la realidad de vivir en una democracia.

Sólo así actuarán nuestros líderes de manera en que todos podamos apreciar la fuerza de dos grandes naciones. Sólo así estaremos más a salvo de quienes desean hacernos daño. Sólo así seremos más prósperos... Y sólo así estaremos viviendo los valores que compartimos. Ese es el camino que tenemos por delante.

Aquí, el día de hoy, les pido que me acompañen no sólo para brindar por la Independencia de los Estados Unidos y por la gran amistad que nos une, sino también por los valores que compartimos y que nos guiarán en el camino: la Libertad, la dignidad, la seguridad y oportunidades para todos.

¡Que Dios bendiga por siempre a México y a los Estados Unidos.!

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